La verdadera historia de El flautista de Hamelín

La verdadera historia de El flautista de Hamelín

De todos es conocido este popular cuento que ha tenido distintas versiones literarias, de las cuales escojo una de ellas, la escrita por el poeta inglés Robert Browning a finales del siglo XIX. La historia en cuestión, muy resumida, es que en el pueblecito alemán de Hamelin, situado en Brunswick, cerca de la famosa ciudad de Hanover, apareció un buen día un extranjero -que decía ser flautista- proponiendo un remedio a la plaga de ratas que asolaba la ciudad. Tras acordar el precio (mil florines) el flautista se encargó de limpiar la ciudad de los roedores con tan solo tocar su flauta mágica, ahogándoles en el río. Una vez finalizada la labor, la Corporación se negó a pagarle el precio estipulado. En represalia, el flautista encantó a los niños de Hamelin con el sonido de su flauta consiguiendo que 130 le siguieran hacia el profundo río Weser.

“Sin embargo, -escribe Browning en la traducción hecha por Graciela Montes- el Flautista cambió de rumbo y, en lugar de dirigirse hacia el sur, se encaminó hacia el oeste y rumbeó hacia la colina de Koppelberg, con los chicos siempre pegados a la espalda. Todos se sintieron aliviados. Pero sucedió que, al llegar al pie de la montaña, se abrió de par en par un portal maravilloso, como si de pronto hubiese surgido una caverna. El Flautista avanzó y los niños lo siguieron. Y cuando habían entrado todos, hasta el último, la puerta se cerró de golpe”.

Hay que tener en cuenta que en este cuento se habla de sonidos embelesadores (como los que se atribuyen a algunas sirenas y enanos) y de mundos subterráneos, precisamente de dónde dicen venir extraños personajes portadores de algún mensaje. Robert Dickhoff, que analizó el trasfondo histórico de dicho cuento, se preguntaba ¿qué conocimiento tenía el extranjero de aquel pasadizo o túnel y a dónde llegó con su carga humana? Sugiere que su destino era nada menos que Agharti, un reino subterráneo situado en Asia Central.

Browning habla de una fecha, el 22 de julio de 1366: “Y para no olvidarse jamás de la calle por donde habían desaparecido los niños la llamaron Calle del Flautista”. Pero los actuales habitantes de Hamelin indican otra: el 26 de junio de 1284. ¿Cuál es la correcta? ¿Está basado en algún acontecimiento histórico? Todo indica que parte de su inspiración fueron dos cruzadas infantiles de inicios del siglo XIII y, medio siglo más tarde, la llegada de una auténtica plaga de ratas que debió asolar esa localidad. En las cruzadas intervinieron jóvenes de muy corta edad y de ambos sexos en la idea de liberar Jerusalén hechizados por el flautista de Hamelin de turno: un joven pastor llamado Esteban de Vendôme.

En el mes de mayo de 1212 se presentó en algunas aldeas y ciudades de Francia, invitando a los niños a seguirle en una temeraria cruzada cristiana. Con su fácil palabrería, dijo haber tenido una visión celestial en la que se le ordenaba ir a Tierra Santa, ya que debía ser liberada de los musulmanes no por cruzados adultos sino por chicos como él mismo. Millares de niños respondieron a la llamada y abandonaron sus hogares sin mapas ni guías para seguir a Esteban a Marsella, en el sur de Francia. Los padres hicieron todo lo posible para encerrar a sus pequeños, pero se escapaban a la mínima oportunidad. En Marsella aguardaron pacientemente a que las aguas del Mediterráneo se abriesen de par en par rememorando el milagro de Moisés, a fin de caminar a pie hasta Palestina.

En esta coyuntura, dos malvados propietarios de barcos, Guillermo alias el Cerdo y Hugo el del Puñal, nombres que hacían honor a su reputación, ofrecieron transporte a la chiquillería y poco después estaban navegando hacia las costas de África del Norte donde fueron vendidos como esclavos a los sarracenos a lo largo del litoral de Cerdeña, en su gran mayoría destinados a Egipto. El sufrimiento y la carnicería de estos 30.000 niños, ninguno mayor de 12 años, ya os la podéis imaginar. Un superviviente regresó a Francia en el año 1230, tras pasar dieciocho años en la esclavitud más penosa.

Y años más tarde hubo otra cruzada de niños, cuando Nicolás, otro jovencito esta vez de Colonia (Alemania), afirmó haber tenido una visión semejante a la de Esteban. Los 20.000 niños que le siguieron no tuvieron mejor suerte que sus colegas franceses. Miles de ellos murieron de hambre o accidente al querer pasar los Alpes en Italia. Finalmente, el obispo de Brindisi, viendo la barbaridad que estaban haciendo, tomó cartas en el asunto y ordenó que los niños regresasen a sus hogares. Todos obedecieron y retrocedieron, si bien muy pocos llegaron a Alemania para contar el relato que luego pudo dar origen a la leyenda de Hamelin.

El cuento del Flautista de Hamelin es más que un cuento, es la enésima representación del hombre del saco que utiliza, en lugar de un zurrón de esparto, una eficaz herramienta como son los sones de su flauta mágica para llevarse a todos los niños de una población hacia un lugar ignoto.

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